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Mi infancia
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Escrito por Melek Arévalo   
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Nací un 6 de noviembre del año 1984, en una ciudad llamada Morges, en la costa del Lago Leman en Suiza.

Mi papá se llama Erdinç, él nació en Turquia y vivió allá hasta los treinta años; a esa edad conoció a mi mamá Cathy, por lo cual luego de dos años de noviazgo a distancia decidió mudarse a Suiza y casarse con ella. 

Mis padres vienen de trasfondo muy distinto y como ellos dicen, sólo Dios pudo haber hecho que su matrimonio funcionara y durara tanto sin conocer a Dios...

Mi papá creció con una educación musulmana en un pueblito de Turquía, mientras que mi mamá creció en una ciudad de Suiza, con una educación católica. Creo que basta decir que se casaron en una iglesia católica, con la Biblia en mano de mi mamá y el Corán en mano de mi papá... Pero en realidad ninguno de ellos era muy arraigado a su religión. Yo crecí sin ninguna influencia musulmana. Mi mamá era la que nos enseñaba de lo poco que sabía de Dios y de Jesús y así fuí creciendo, junto a mi hermano Selim, con la certeza de que Jesús era mi mejor amigo. Ginebra Suiza

Como siempre digo, siendo una niña creía de todo corazón lo que mi mamá me decía y eso fue una de las cosas que se convirtió en convicción popia a lo largo de mi infancia.  Para darles un ejemplo de lo que la fe de un niño puede llegar a hacer les voy a contar una experiencia, que considero milagrosa, vivida cuando tenía nueve años: 

Todas las mañanas temprano, como a las 6h30, salía sola de mi casa rumbo a la parada de bus escolar que quedaba a unos 250 metros. Entre mi casa y la parada de bus, se encontraban las vías del tren, por lo cual tenía que bajar y caminar por el pequeño túnel debajo de las vías del tren. En ese entonces, estaban construyendo un puente que pasaría por encima de esas vías. Desde temprano en la mañana llegaban muchos obreros a trabajar y a la hora en que yo pasaba por allí ya estaban llegando y trabajando algunos.

Mis papás siempre me enseñaron a saludar, o bien a contestar los saludos; así fue una mañana, en mi camino hacia la parada de bus, que me saludó uno de los obreros, con su uniforme y casco azul. Respondí el saludo y seguí mi camino. Pero al pasar de los días, este señor añadía palabras a su saludo tal como; “Hola preciosa, cómo estás mi bebé, etc...”.

Fue entonces que empecé a asustarme y a caminar más rápido cada vez que caminaba por allí. Hablé con mis papás y quedamos en que a la mañana siguiente mi papá me iba a seguir de lejos y que si el obrero llegaba a decirme algo, entonces intervendría.

Esa mañana salí de mi casa como siempre y pasando por el puente en construcción, empecé a caminar más despacio y a anhelar que el obrero del casco azul (como lo llamo yo) me dijera algo... pero nada!! La única vez que mi papá estaba allí cerca para hacer algo, no quiso decirme nada! Me sentí muy mal y tenía miedo que mis papás pensaran que lo había inventado todo.

Pero al regesar de la escuela, camino hacia mi casa esa vez, el obrero del casco azul me vio desde su grua y empezó a gritarme cosas, queriendo que le contestara, cosa que no hice. Al no ver respuesta mía, empezó a bocinar la grua con enojo y de la desesperación bajó de su grua y me empezó a seguir. Mi pequeño cuerpo se llenó de miedo y de adrenalina, por lo cual decidí correr y bajar las gradas del túnel a una velocidad que no controlaba... Más miedo me dio todavía al ver que él también había empezado a correr por el túnel... Subí las gradas para salir del otro lado, y recuerdo bien que las subía de cuatro en cuarto, estirando lo más que podía mis piernas. Al salir del túnel, él tuvo que parar de correrme ya que estaba a vista pública, pero yo seguí coriendo hasta que ya me faltó el aire. Por fin llegué a la casa temblando y llorando.

Le conté a mi mamá lo que había pasado y ella también se asustó pero no sabía qué hacer, así que me dijo: “Lo más eficaz que podemos hacer de momento es orar y pedirle a Jesús que quite ese hombre de tu camino”. Allí mismo en la mesa del comedor oró mi mamá, y ese mismo día en la noche, antes de irme a acostar volvió a orar y me dijo que era necesario que yo le pidiera a Jesús también con mi corazón. Recuerdo haberle hablado como a un amigo, pidiéndole un gran favor y me dormí confiando en que me había escuchado.

A la mañana siguiente, me levanté, desayuné y salí de casa como de costumbre. Al llegar al puente en construcción, mi corazón empezó a latir un poco más rápido, mirando y buscando a mi alrededor al hombre del casco azul... pero no lograba ubicarlo. Lo busqué y lo rebusqué, pero nada...

Misma cosa hice al regresar de la escuela, y nada... Pensé que seguramente era su día de descanso, así que a la mañana siguiente procedí de nuevo mi búsqueda pero no estaba! Y desde ese día en adelante NUNCA más lo volví a ver! Jesús lo había hecho desaparecer de mi camino!!! Mi mejor amigo no me había fallado!! 

Además de ésta, tuve otras experiencias similares a lo largo de mi infancia, por el simple hecho de creer que Jesús esuchaba mis peticiones.

De niña era muy solitaria y no mucho me gustaba estar entre la gente ni tampoco tener muchos amigos. Solía jugar siempre con la misma amiga y el contacto social no me apetecía. Pero hubo un hecho que revolucionó esta área de mi vida cuando llegué a los 13 años.  

Un día, después de la cena, mis papás nos llamaron a mi hermano y a mí para platicar de algún proyecto. En ese entonces mi hermano tenía casi los 17 años. Mis papás nos empezaron a platicar de un sueño que siempre habían tenido, para el cual habían trabajado durante más de 20 años, y que consideraban que el tiempo de realizarlo había llegado. Mi hermano y yo, muy expectantes, nos sentamos a la mesa de la cocina y esperamos las palabras de mis papás que fueron las siguientes: 

"Bueno, desde que nos casamos, quisimos ahorrar para poder, algún día, realizar algo grande en familia. No sabíamos qué pero sí sabíamos que iba a ser algo grande. En estos últimos años hemos hecho todo a nuestro alcance para conseguir el permiso de residencia Australiano, cuya respuesta segumios esperando. Tanto puede llegar mañana como dentro de 3 años, por lo cual decidimos ya no basar nuestras decisiones de vida en ello sino empezar a caminar hacia cierta dirección. Ambos pensamos que es el momento justo y único para poder realizar algo juntos, los cuatro. La idea es la siguiente: Al terminar este año escolar en junio, pensamos en dejarlo todo e irnos de viaje a Australia por un período de entre 6 meses a un año. Con una maleta para cada uno y ya!”. 

Yo pensé; ¿cómo así dejarlo todo? ¿Y la escuela? ¿La casa? ¿Mi canario?

“Sí. Vamos a vender el carro, devolver del apartamento que alquilamos , sacarlos a ustedes de la escuela por un año..., en fin deshacernos de todo e irnos con sólo cuatro maletas, a la aventura. Piénsenlo ustedes, y nos dicen que opinan. No queremos forzar a nadie y queremos que la decisión sea aceptada y tomada por cada uno de nosotros.  

Ya sabíamos ahora cuál era el proyecto! Por supuesto que no nos costó demasiado acepetar la idea, así que el 26 de junio del 1998, con muchas lágrimas al despedirnos de nuestros seres queridos en el aeropuerto de Ginebra, Suiza, iniciamos el largo viaje rumbo a Australia que duraría 7 meses y durante el cual mi vida empezaría a cambiar...