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Viaje a Australia
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Los doce apóstoles  En el avión, ninguno de nosotros era capaz de hablar. No era solamente el dejar a los amigos y familiares que nos dolía, sino el pensar que ya no teníamos techo, ni ninguna otra posesión material más que nuestras maletas. Asimilar eso no fue tan fácil en un momento como ése.  

Me recuerdo que las horas eran interminables, y el olor a sopa china me empezaba a dar náusea. Decidí tomar mi libreta y empecé a escribir lo que sería mi “Diario de Viaje”.

Después de 12 horas de vuelo paramos en Singapur por un día, donde pudimos descansar y recuperar unas horas de sueño antes de retomar un vuelo para Cairns, Australia. 

Al llegar allá, los primeros días fueron bastante difíciles para mi hermano y para mí. Pero poco a poco, empezamos a enfocarnos en los lados positivos de la situación y el sabor a aventura tomó la delantera!

Podría escribir muchas páginas detallando mi viaje en Australia pero creo que eso sería casi un libro aparte. Lo que sí puedo decir es que viajamos por casi toda la costa este del país, parando en muchos lugares por períodos de 1 a 3 semanas en cada uno de ellos.

A los 13-14 años, aprender a convivir con mi hermano de 17 no fue de lo más fácil. Las que tienen hermano mayor me entenderán en seguida J Pero te puedo decir que todo es posible! Yo le doy gracias a Dios por esos meses durante los cuales tuvimos que aprender a conocernos, a respetarnos y a amarnos como hermanos. Tal vez no en todas las partes del mundo es así pero en Suiza, pocas familias logran tener hijos que se llevan bien. Cada uno tiene su vida y sus problemas, los cuales no comparte con nadie de su familia, menos con sus hermanos.

Para Selim y para mí, este viaje a Australia resultó ser, creo yo, la única forma de conocernos y apreciarnos como hermanos. Aprendimos a convivir y el vínculo que nació en ese entonces es un regalo que perdura hoy en día.

 

Como lo comenté al relatar mi infancia, yo era una niña muy callada, no sociable y poco sonriente. Pero algo me pasó estando en Australia... 

Por medio de lo que Dios ha creado, todos podemos conocerlo, y también podemos ver su poder. Rom.1;20  

Años más tarde, al encontrar este versículo en la Biblia, entendí lo que me había pasado...

Sin que yo lo supiera, ni me diera cuenta, Dios había empezado a hacerse real en mi corazón a través de su creación. 

Durante siete meses admiré paisajes extraordinarios, tuve contacto con animales salvajes, estuve en total comunión con la creación de Dios; y diría en otra palabras quen estuve con el Creador mismo, sin yo saberlo. 

Mi ser empezó a despertar, a sentir el gozo y la alegría de vivir, a apreciar las cosas y a ver la vida de una forma distinta. Al ver y contemplar tanta belleza, es imposible pensar que Dios no es un Dios de Amor. El creó todo esto para nosotros, para que nuestros ojos pudieran deleitarse al observar Sus Maravillas. Pero lo más increíble es que nos creó a nosotros, los seres humanos, mucho más perfectos y hermosos que su creación terrenal. Ay qué Dios tan Perfecto y Hermoso tenemos... si tan sólo nos pudieramos dar cuenta...   

 Al terminar nuestro estupendo viaje australiano, regresamos a Suiza por unos 3 meses, tiempo para buscar a dónde iríamos y mudarnos. Yo, Melek ya era una adolescente distinta. Mi familia y amigos no me reconocían. Tenía un rostro muy alegre, resplandesciente y se me miraba muy feliz. La Luz de Dios empezaba a brillar... 

Después de una búsqueda ardiente de mis papás, el lugar escogido fue Cataluña, España. ¡Y he aquí que empezó otra nueva aventura! Ésta un poco distinta, al tener que aprender dos nuevos idiomas, español y catalán, y a lo más rápido posible, entrar al colegio para seguir con mis estudios... 

Nuevo país, nueva cultura, nueva escuela, nuevos amigos... nueva etapa de mi vida!